Aunque la percepción de riesgo ha aumentado en Chile, expertos alertan que todavía persisten mitos sobre el consumo de marihuana, especialmente entre jóvenes. Los efectos pueden incluir problemas cognitivos, dependencia y un mayor riesgo de trastornos psiquiátricos.
En el marco del Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se conmemora cada 26 de junio, especialistas hicieron un llamado a reforzar la prevención del consumo de cannabis, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes, advirtiendo que aún existe una importante distancia entre la percepción social y la evidencia científica sobre sus efectos.
Según explica la Dra. María Cecilia Fernández Carter, médica psiquiatra de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (SOCHIMEV), en los últimos años la marihuana ha vivido un proceso de creciente normalización cultural, llevando a que muchas personas la consideren una sustancia de bajo riesgo o incluso beneficiosa para la salud.
Sin embargo, la evidencia disponible muestra un panorama mucho más complejo.
Si bien las últimas encuestas de SENDA reflejan una disminución en el consumo y un aumento gradual en la percepción de riesgo —que alcanza cerca del 35% entre escolares y el 44% en adultos—, la especialista señala que todavía persisten creencias erróneas respecto a sus efectos.
Mayor riesgo durante la adolescencia
Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es el impacto que el cannabis puede tener sobre el desarrollo del cerebro adolescente.
“La adolescencia es una etapa crítica para el desarrollo cerebral, por lo que el consumo temprano se asocia a mayores riesgos de dependencia, alteraciones cognitivas y problemas de salud mental”, explica la Dra. Fernández.
Diversas investigaciones han asociado el consumo de cannabis con un mayor riesgo de desarrollar síntomas psicóticos, especialmente en personas con predisposición genética o antecedentes familiares de enfermedades como esquizofrenia, trastorno bipolar u otros trastornos psiquiátricos.
La especialista enfatiza que nadie puede conocer con certeza su nivel individual de vulnerabilidad, ya que la susceptibilidad genética es compleja y variable entre las personas.
Mitos que pueden ser peligrosos
Otro de los errores frecuentes es pensar que, por tratarse de una planta, la marihuana es necesariamente inocua.
“La idea de que algo es natural no significa que sea seguro”, advierte la psiquiatra.
Además, explica que las variedades de cannabis disponibles actualmente contienen concentraciones de THC considerablemente superiores a las de décadas anteriores, lo que incrementa tanto el potencial de generar dependencia como el riesgo de efectos adversos sobre la salud.
Dependencia y consecuencias en la salud mental
Desde la práctica clínica, la Dra. Fernández señala que cada vez es más frecuente observar personas que desarrollan un trastorno por consumo de cannabis, caracterizado por síntomas de abstinencia, deseo intenso de consumir y pérdida de control.
A ello se suman consecuencias que muchas veces pasan desapercibidas, como alteraciones de la memoria, dificultades de concentración, problemas de aprendizaje, disminución de la motivación, síntomas depresivos y trastornos de ansiedad, incluyendo crisis de pánico.
En algunos casos, añade la especialista, estas alteraciones cognitivas pueden persistir en el tiempo, especialmente cuando el consumo comienza a edades tempranas y se mantiene de forma frecuente.
Cuando se utiliza como “tratamiento”
Otro fenómeno que preocupa a los especialistas es el uso del cannabis para intentar aliviar síntomas como ansiedad, insomnio o tristeza.
Según la Dra. Fernández, tanto la evidencia científica como la experiencia clínica muestran que esta estrategia suele generar el efecto contrario, ya que el consumo puede perpetuar o incluso agravar estos problemas, dificultando su tratamiento.
Un llamado a informar con evidencia
Desde SOCHIMEV destacan que la prevención requiere entregar información equilibrada y basada en evidencia.
“Presentar a la marihuana como el peor de los males no favorece el diálogo, pero minimizar sus riesgos tampoco protege a la población”, sostiene la especialista.
En ese contexto, enfatiza que el mensaje preventivo debe ser claro: no iniciar el consumo de cannabis sigue siendo la mejor forma de proteger la salud física y mental, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
Como alternativa para promover el bienestar, desde la Medicina del Estilo de Vida recomiendan fortalecer hábitos saludables como la actividad física, el descanso adecuado, el manejo del estrés y el fortalecimiento de las relaciones sociales, estrategias que cuentan con respaldo científico y contribuyen a una mejor calidad de vida sin recurrir a sustancias psicoactivas.