Especialista en educación parvularia señala que el problema no es la falta de imaginación de niños y niñas, sino la disminución de espacios y oportunidades para desarrollarla a través del juego, la lectura y la interacción con otros.
En una época donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana de muchas familias, surge una pregunta cada vez más frecuente entre padres, madres y educadores: ¿los niños de hoy imaginan menos que las generaciones anteriores?
Para Marcela D’Achiardi Orozco, directora de Educación Parvularia de la Universidad Andrés Bello, la respuesta es clara: la imaginación sigue estando presente en la infancia, pero muchos niños tienen menos oportunidades para desarrollarla.
La especialista advierte que el creciente tiempo de exposición a dispositivos electrónicos está reduciendo espacios fundamentales para el juego libre, la exploración, la creatividad y las interacciones sociales, especialmente durante los primeros años de vida.
El impacto de las pantallas en la primera infancia
La preocupación cobra especial relevancia tras la reciente publicación de la Ley 21.801, normativa que regula el uso de dispositivos electrónicos en establecimientos educacionales.
Sin embargo, los expertos enfatizan que el desafío no se limita al ámbito escolar, sino que también involucra lo que ocurre dentro de los hogares.
Según D’Achiardi, muchos niños permanecen conectados a pantallas durante largos períodos debido a las exigencias laborales de los adultos responsables de su cuidado, situación que puede generar una exposición excesiva a contenidos digitales y reducir las oportunidades de interacción directa con otras personas.
La importancia de los primeros años
La especialista sostiene que durante la primera infancia el desarrollo cerebral depende en gran medida de las experiencias concretas, las relaciones afectivas y el contacto con el entorno.
Por ello, diversos expertos recomiendan evitar el uso de pantallas durante los primeros años de vida y privilegiar actividades que favorezcan la comunicación, el juego, el movimiento y la exploración.
Entre los posibles efectos asociados a una exposición temprana y excesiva a dispositivos electrónicos se encuentran dificultades en el control de impulsos, menor tolerancia a la frustración y una disminución de las oportunidades para desarrollar habilidades sociales y emocionales.
Además, las pantallas no pueden reemplazar experiencias esenciales para el crecimiento infantil, como jugar con otros niños, descubrir el entorno, expresar emociones o construir vínculos afectivos significativos.
El rol de las familias
La académica enfatiza que madres, padres y cuidadores cumplen un papel fundamental en la promoción de experiencias que estimulen la imaginación y la creatividad.
Esto implica generar espacios para compartir, conversar, leer cuentos, jugar y acompañar a los niños en el descubrimiento del mundo que los rodea.
También supone proteger aspectos esenciales para el desarrollo infantil, como las horas de sueño, las rutinas familiares y las oportunidades de interacción social.
La imaginación necesita oportunidades
Lejos de pensar que las nuevas generaciones son menos creativas, la especialista plantea que el verdadero desafío está en las condiciones que los adultos ofrecen para que la imaginación florezca.
La lectura de cuentos desde edades tempranas, la exploración de materiales simples, el juego simbólico, la posibilidad de equivocarse y aprender de los errores, así como las conversaciones que invitan a reflexionar y hacer preguntas, son algunas de las experiencias que fortalecen el pensamiento creativo.
“Los niños no imaginan menos”, plantea la académica. El desafío, explica, es que las familias y los adultos responsables generen más oportunidades para que esa imaginación pueda desarrollarse plenamente.
Más tiempo para jugar, explorar y crear
Los especialistas coinciden en que el desarrollo infantil requiere mucho más que estimulación digital. Necesita tiempo para jugar, aburrirse, inventar historias, resolver problemas y relacionarse con otras personas.
Por ello, el llamado es a recuperar espacios de encuentro familiar y experiencias cotidianas que permitan a niños y niñas desplegar su creatividad de manera natural, fortaleciendo habilidades que serán fundamentales durante toda su vida.
Fuente: Marcela D’Achiardi Orozco, directora de Educación Parvularia de la Universidad Andrés Bello, en reflexión sobre infancia, creatividad y uso de pantallas.