Especialista advierte que las madres continúan enfrentando desigualdades laborales que afectan sus ingresos, oportunidades de desarrollo y estabilidad en el empleo.
Mayo reunió dos conmemoraciones que, aunque suelen abordarse por separado, revelan una realidad profundamente conectada: el Día del Trabajador y la Trabajadora y el Día de las Madres. Para la Dra. María Cecilia Fernández Darraz, investigadora del Centro de Estudios de Género de la Universidad Católica de Temuco, esta coincidencia invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las mujeres cuando la maternidad y el trabajo remunerado se cruzan.
La especialista señala que, pese a los avances en materia de igualdad de género, las mujeres continúan concentrándose en empleos más precarios y con menores remuneraciones que los hombres. Además, suelen ser las más afectadas en períodos de crisis económica y desempleo.
Sin embargo, las brechas laborales tienden a profundizarse cuando las mujeres se convierten en madres. Un fenómeno ampliamente estudiado a nivel internacional es la llamada “penalización por maternidad”, que se traduce en menores ingresos, menos oportunidades de ascenso y trayectorias laborales más inestables.
“Muchas veces se plantea que el principal desafío es conciliar el trabajo y la vida familiar. Sin embargo, reducir el problema únicamente a la conciliación resulta insuficiente”, explica Fernández. Según indica, incluso en países que han desarrollado políticas de apoyo durante décadas, persisten desigualdades asociadas a la maternidad.
La carga invisible de los prejuicios
La académica advierte que las madres suelen enfrentarse a prejuicios que afectan su desarrollo profesional. Entre ellos, la percepción de que están menos comprometidas con sus empleos o que su desempeño puede verse afectado por las responsabilidades de cuidado.
Estas ideas generan barreras que muchas veces operan de forma silenciosa, obligando a las mujeres a demostrar constantemente sus capacidades y compromiso laboral.
En contraste, diversos estudios han evidenciado que los hombres que se convierten en padres suelen experimentar un efecto opuesto, fortaleciendo su posición dentro del mercado laboral.
Un desafío social y no individual
Para la investigadora, abordar esta realidad requiere comprender que la maternidad y las tareas de cuidado no constituyen un problema individual que cada familia deba resolver por sí sola.
“Se trata de un desafío estructural que requiere una mayor implicación de la sociedad y del Estado”, plantea.
En ese sentido, sostiene que avanzar en medidas que favorezcan la conciliación entre la vida laboral y familiar es importante, pero que el objetivo debe ser más amplio: construir entornos donde la maternidad no implique desventajas económicas ni profesionales para las mujeres.
La discusión adquiere especial relevancia en un contexto marcado por la preocupación por la baja natalidad y los desafíos demográficos que enfrenta el país. Para Fernández, promover condiciones más justas para las madres trabajadoras es una tarea pendiente que beneficia no solo a las mujeres, sino también a las familias y a la sociedad en su conjunto.