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Burnout parental: cuando la crianza deja de ser solo cansancio y se transforma en agotamiento emocional

por Familia en Red
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Psicóloga de la Universidad de Chile explica cómo reconocer las señales de alerta, por qué cada vez más madres y padres lo experimentan y cuándo es necesario pedir ayuda.

Sentirse cansado después de una jornada de trabajo, tareas domésticas y crianza es una realidad para muchas familias. Sin embargo, cuando ese agotamiento se vuelve permanente, aparece una sensación de desconexión emocional con los hijos y la maternidad o paternidad deja de generar satisfacción, podría tratarse de burnout parental.

La psicóloga y académica del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, Ivette González, explica que este fenómeno corresponde a un estado de agotamiento afectivo provocado por la exposición prolongada al estrés asociado al rol de madre o padre.

“Es un proceso que ocurre cuando una persona se enfrenta a un estrés crónico relacionado específicamente con la crianza, agotando sus recursos psicológicos para hacer frente a las demandas del cuidado”, señala.

Más que un cansancio pasajero

A diferencia del agotamiento cotidiano, el burnout parental no desaparece con una noche de descanso o un fin de semana tranquilo.

Según la especialista, las personas que lo experimentan suelen sentir que ya no tienen energía para realizar las tareas de cuidado, presentan una desconexión emocional con sus hijos y pierden la satisfacción asociada a la experiencia de criar.

“Una diferencia importante con el agotamiento laboral es que no existe la posibilidad de renunciar al rol parental, lo que le otorga una carga emocional particularmente intensa”, explica.

Señales que no deben ignorarse

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Sensación constante de agotamiento físico y emocional.
  • Irritabilidad frecuente.
  • Distanciamiento afectivo durante las tareas de cuidado.
  • Realizar la crianza de manera automática o mecánica.
  • Sentimientos de culpa.
  • Sensación de no estar siendo un buen padre o una buena madre.

Estas señales pueden aparecer de forma progresiva, por lo que muchas veces pasan desapercibidas hasta que el desgaste es significativo.

¿Por qué está aumentando?

Para González, existen diversos factores que ayudan a explicar el aumento de este fenómeno.

Por una parte, las familias enfrentan crecientes exigencias sociales respecto a cómo deben criar a sus hijos. A ello se suman las dificultades económicas, las exigencias laborales y la disminución de las redes de apoyo comunitarias y familiares.

“Actualmente existe una gran presión para cumplir con estándares de crianza cada vez más exigentes e ideales”, señala.

La especialista agrega que en Chile persiste una distribución desigual de las tareas de cuidado, donde las mujeres continúan asumiendo gran parte de la responsabilidad cotidiana de la crianza.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Aunque cualquier madre o padre puede experimentar burnout parental, algunos factores aumentan la vulnerabilidad:

  • Escasas redes de apoyo.
  • Dificultades económicas.
  • Menor acceso a recursos educativos.
  • Tener hijos con necesidades especiales.
  • Antecedentes de ansiedad, estrés o depresión.
  • Altos niveles de autoexigencia en la crianza.

Paradójicamente, quienes más se esfuerzan por ser “buenos padres” también pueden ser quienes corren mayor riesgo de agotarse.

El impacto en los niños

Cuando este desgaste se mantiene en el tiempo, también puede afectar a los hijos.

Los niños pueden percibir una menor disponibilidad emocional de sus cuidadores, además de una mayor irritabilidad en las interacciones familiares.

La académica aclara que esto no significa que el vínculo se dañe de manera irreversible, pero sí destaca la importancia de intervenir oportunamente para proteger el bienestar de toda la familia.

En casos más severos, el burnout parental puede transformarse en un factor de riesgo para situaciones de negligencia física o emocional e incluso episodios de violencia verbal o física.

Las creencias que alimentan el agotamiento

Detrás de este fenómeno también existen ideas culturales profundamente arraigadas.

Frases como:

  • “Una buena madre puede con todo”.
  • “Los hijos deben ser siempre la prioridad absoluta”.
  • “Si estás cansada es porque no te organizas bien”.
  • “Pedir ayuda es una señal de debilidad”.

pueden aumentar la presión sobre madres y padres y dificultar que busquen apoyo cuando lo necesitan.

Pequeñas acciones que pueden marcar la diferencia

La especialista recomienda algunas medidas concretas para prevenir o aliviar el burnout parental:

  • Aceptar ayuda cuando esté disponible.
  • Compartir las responsabilidades de crianza mediante una coparentalidad activa.
  • Reservar espacios personales de descanso y autocuidado.
  • Mantener actividades que permitan desarrollar una identidad más allá del rol parental.
  • Reducir expectativas poco realistas sobre la crianza.

Cuándo buscar ayuda profesional

Es importante consultar cuando el agotamiento se vuelve persistente, afecta la relación con los hijos o aparecen sentimientos intensos de desesperanza, culpa o desconexión emocional.

El apoyo puede incluir atención psicológica individual, orientación familiar, intervenciones socioeducativas y grupos de apoyo para madres y padres.

Para quienes se sienten identificados con esta realidad, Ivette González entrega un mensaje simple pero poderoso:

“Pedir ayuda es el acto más protector que puedes hacer por ti y por tus hijos”.

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