Especialistas señalan que muchas familias siguen viendo los jardines infantiles principalmente como espacios de cuidado y no como lugares clave para el desarrollo infantil.
Aunque existe amplio consenso sobre la importancia de la educación parvularia para el desarrollo cognitivo, social y emocional de niños y niñas, una gran cantidad de familias en Chile continúa optando por no enviar a sus hijos a salas cuna o jardines infantiles durante los primeros años de vida.
Según datos citados por académicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, un estudio de la Fundación Educacional Choshuenco realizado en 2024 estimó que alrededor de 600 mil niños y niñas de entre 0 y 4 años no están matriculados en ningún jardín infantil, cifra que representa cerca del 60% de ese grupo etario.
Si bien la disponibilidad de cupos suele concentrar gran parte del debate público, especialistas advierten que existen otros factores igualmente relevantes que influyen en esta decisión, especialmente la desconfianza de las familias respecto de los cuidados que recibirán sus hijos y la percepción de que durante los primeros años “están mejor en casa”.
La desconfianza como principal barrera
Un estudio desarrollado por el Centro de Justicia Educacional UC sobre los primeros años de vida reveló que el 22% de los cuidadores que no envían a sus hijos a educación parvularia menciona como principal motivo la desconfianza en el cuidado que recibirán los niños.
A ello se suman otras preocupaciones frecuentes, como considerar que los menores son demasiado pequeños para asistir a un jardín infantil o el temor a que se enfermen con frecuencia al convivir con otros niños.
Para la académica de la Facultad de Educación UC, Rukmini Becerra, el problema no radica necesariamente en la falta de interés de las familias, sino en los miedos y dudas que existen respecto de estos espacios.
Entre las preocupaciones más recurrentes aparecen inquietudes relacionadas con la alimentación, el cuidado diario, la convivencia con otros niños o experiencias negativas conocidas a través de terceros.
Más que un lugar de cuidado
Los especialistas sostienen que muchas familias continúan asociando los jardines infantiles principalmente al cuidado de los niños mientras los adultos trabajan, sin dimensionar plenamente el impacto que tienen en el aprendizaje y desarrollo durante los primeros años de vida.
Ernesto Treviño, académico de la Facultad de Educación UC y director del Centro UC para la Transformación Educativa, señala que la evidencia muestra que la primera infancia es una etapa fundamental para potenciar habilidades cognitivas, sociales y emocionales.
Según explica, las interacciones con educadoras y con otros niños favorecen el desarrollo de competencias que serán relevantes durante toda la trayectoria educativa y personal.
Escuchar los temores para generar confianza
Los expertos coinciden en que una de las claves para aumentar la participación en educación parvularia es escuchar las preocupaciones de las familias y abordarlas de manera concreta.
Entre las medidas propuestas se encuentra fortalecer el vínculo entre jardines infantiles, familias y centros de salud, entregando orientación sobre temas como alimentación, enfermedades frecuentes en la infancia y procesos de adaptación.
La académica Rukmini Becerra plantea que cuando las preocupaciones son escuchadas y abordadas adecuadamente, las familias pueden comprender mejor que existen profesionales capacitados para acompañar y potenciar el desarrollo de sus hijos.
Buscar alternativas más flexibles
Otra estrategia planteada por especialistas es generar modalidades más flexibles de acercamiento a la educación inicial.
La académica de Psicología UC Marigen Narea destaca experiencias internacionales donde las familias participan junto a sus hijos en actividades dentro de los jardines infantiles durante algunas horas a la semana, permitiendo conocer a las educadoras, familiarizarse con el entorno y construir confianza antes de una incorporación más permanente.
Un trabajo compartido
Los investigadores enfatizan que el desarrollo infantil se fortalece cuando existe una relación colaborativa entre las familias y los establecimientos educativos.
En ese sentido, destacan que la educación parvularia no busca reemplazar el rol de madres, padres o cuidadores, sino complementarlo, combinando el vínculo afectivo del hogar con el trabajo especializado de los equipos educativos.
Para los expertos, avanzar en mayores niveles de confianza y cercanía con las familias será clave para que más niños y niñas puedan acceder a los beneficios que ofrece la educación durante los primeros años de vida.
Fuente: Facultad de Educación y Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, sobre antecedentes del estudio “Mil Primeros Días” del Centro de Justicia Educacional UC y análisis sobre asistencia a educación parvularia.