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Síndrome de Down y desarrollo del lenguaje: cada niño tiene su propio ritmo y muchas formas de comunicarse

por Familia en Red
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La comprensión del lenguaje puede estar más desarrollada que la expresión oral, mientras que gestos, miradas, vocalizaciones y apoyos visuales también cumplen un papel fundamental en la comunicación. Una fonoaudióloga explica qué pueden hacer las familias para acompañar este proceso desde los primeros meses.

Cuando un niño todavía no dice palabras, es frecuente que los adultos se pregunten cuándo comenzará a hablar o si su desarrollo del lenguaje está siguiendo el ritmo esperado. En el caso de los niños con síndrome de Down, estas preguntas pueden generar aún más incertidumbre. Sin embargo, especialistas destacan que no existe un único camino ni un ritmo que todos deban seguir.

“El desarrollo de la comunicación y el lenguaje presenta un perfil particular y heterogéneo. En términos generales, suele existir un desfase en la adquisición de las habilidades lingüísticas, siendo frecuente que la comprensión del lenguaje se encuentre más desarrollada que la expresión”, explica María Belén Acevedo, fonoaudióloga especialista en síndrome de Down.

La especialista enfatiza que esta característica no se presenta de la misma manera en todos los niños. Las fortalezas, necesidades, experiencias, condiciones de salud y contexto familiar y social pueden influir en el desarrollo comunicativo.

Antes de las palabras también existe comunicación

Uno de los aspectos importantes durante las primeras etapas es reconocer que la comunicación no comienza cuando aparecen las primeras palabras.

La mirada, los gestos, las expresiones faciales, las vocalizaciones, los movimientos corporales y la atención conjunta son algunas de las herramientas que los niños pueden utilizar para expresar necesidades, compartir intereses o buscar la atención de otra persona.

Por ejemplo, cuando un niño señala un juguete, lleva a su mamá hacia un objeto, mira alternativamente a una persona y algo que le interesa o realiza un gesto para pedir ayuda, ya está comunicando.

“Todas estas conductas tienen un valor y deben ser reconocidas por los adultos”, señala María Belén.

Desde la fonoaudiología, el objetivo es favorecer una comunicación funcional, es decir, que el niño pueda expresar necesidades, deseos, emociones, elecciones e ideas de acuerdo con sus posibilidades.

Para ello pueden utilizarse palabras, gestos, signos, apoyos visuales y sistemas aumentativos y alternativos de comunicación, como tableros o comunicadores.

Estos recursos tampoco están destinados exclusivamente a niños que no hablan. Pueden complementar el lenguaje oral cuando el habla todavía no resulta suficiente o no es completamente comprensible.

Comprender no siempre significa poder decir

Una de las características que resulta especialmente importante considerar es la diferencia que puede existir entre la comprensión y la expresión.

Un niño puede comprender instrucciones, reconocer personas, anticipar rutinas, entender preguntas o identificar palabras que todavía no logra utilizar verbalmente en una frase.

“Cuando un niño no logra responder verbalmente, no debemos asumir que no comprendió”, explica la fonoaudióloga.

Por eso, una recomendación es ofrecer distintas maneras para que pueda demostrar lo que sabe: señalar, elegir entre imágenes, utilizar gestos, signos o apoyos visuales.

También es importante darle tiempo para responder y evitar completar inmediatamente sus mensajes.

“El objetivo no es solamente que el niño hable, sino que pueda expresar lo que piensa, siente, necesita y quiere comunicar”, plantea la especialista.

No existe un ritmo único

Aunque existen características que se repiten en el desarrollo comunicativo de las personas con síndrome de Down, no significa que todos los niños deban alcanzar determinados hitos exactamente a la misma edad.

Cada niño presenta fortalezas y desafíos diferentes, y su desarrollo está influido por factores individuales, familiares, sociales y de salud.

Por eso, la especialista recomienda a las familias evitar las comparaciones, incluso entre niños que tienen la misma condición genética.

“Una comparación puede hacer que se pierdan de vista los avances y las capacidades propias de cada niño”, sostiene.

Respetar los tiempos, sin embargo, no significa dejar de acompañar o estimular. Se trata de ofrecer oportunidades de aprendizaje adecuadas, sin presionar ni exigir que todos los niños respondan de la misma manera.

La audición también es parte de la historia

El desarrollo del habla y el lenguaje es multifactorial. Pueden influir aspectos cognitivos, auditivos, visuales, motores, orofaciales y de salud, además de las experiencias comunicativas que el niño tiene en su entorno.

La audición ocupa un lugar especialmente relevante.

Las dificultades auditivas pueden hacer que el niño reciba una señal del lenguaje menos clara o variable, lo que puede afectar la adquisición de vocabulario, la discriminación de sonidos y el desarrollo del habla.

Por esta razón, el seguimiento audiológico forma parte de los aspectos importantes dentro del acompañamiento integral.

También pueden influir las características del desarrollo motor y de la musculatura orofacial, así como determinadas condiciones respiratorias y otras características de salud que pueden relacionarse con la voz, la respiración y la producción del habla.

Desde la fonoaudiología, explica la experta, estos factores se evalúan de manera individual, identificando tanto las dificultades como las fortalezas de cada niño.

¿Cuándo consultar con una fonoaudióloga?

Una de las recomendaciones de la especialista es no esperar necesariamente a que aparezca una dificultad evidente para consultar.

El acompañamiento fonoaudiológico puede comenzar desde los primeros meses de vida y abordar no solo el lenguaje, sino también habilidades comunicativas, orofaciales, alimentación y deglución, según las necesidades de cada niño.

En la atención temprana no se trata de adelantar etapas ni de exigir que un bebé hable antes de tiempo.

Se pueden trabajar habilidades como la mirada compartida, la atención conjunta, los turnos comunicativos, los gestos, las vocalizaciones y las primeras formas de interacción.

La evaluación permite además establecer objetivos individualizados, considerando al niño, su familia y su contexto.

“La intervención temprana no busca garantizar que todos los niños alcancen los mismos hitos a una determinada edad. Busca ofrecer oportunidades de desarrollo, prevenir barreras comunicativas y acompañar a las familias desde el inicio”, explica la fonoaudióloga.

Las rutinas cotidianas también son oportunidades para comunicarse

El acompañamiento del lenguaje no ocurre solamente durante una sesión de fonoaudiología. Las actividades cotidianas ofrecen múltiples oportunidades para favorecer la comunicación de manera natural.

Durante la alimentación, por ejemplo, se pueden nombrar los alimentos, ofrecer alternativas y esperar que el niño indique qué quiere.

Al vestirse, es posible nombrar las prendas y pedirle que participe entregando una u otra. En el baño, las acciones pueden acompañarse de palabras y gestos.

El juego también es un espacio especialmente valioso: seguir los intereses del niño, imitar sus acciones y ampliar sus intentos comunicativos permite generar oportunidades de interacción.

Leer cuentos, cantar canciones, conversar durante los paseos y hablar sobre aquello que despierta su curiosidad son otras formas de incorporar el lenguaje en la vida diaria.

No es necesario convertir cada momento en una sesión de terapia.

“Lo importante es que tenga oportunidades para escuchar, comprender, participar y expresarse”, señala la especialista.

Cinco ideas para acompañar la comunicación en casa

1. Dar tiempo para responder.
Evitar adelantarse o completar inmediatamente lo que el niño intenta comunicar.

2. Reconocer todas sus formas de comunicación.
Una mirada, un gesto, una vocalización o señalar un objeto también pueden transmitir un mensaje.

3. Acompañar las palabras con gestos.
Combinar información visual y auditiva puede facilitar la comprensión y ofrecer distintas formas de expresar un mismo mensaje.

4. Seguir sus intereses.
El juego y las actividades que despiertan su curiosidad pueden transformarse en oportunidades naturales para interactuar y ampliar el lenguaje.

5. Evitar las comparaciones.
El desarrollo comunicativo es individual. Observar los avances del propio niño permite reconocer mejor sus fortalezas y necesidades.

El desafío de mirar más allá del habla

Para María Belén Acevedo, acompañar el desarrollo comunicativo implica cambiar la mirada: no concentrarse únicamente en aquello que el niño todavía no puede decir, sino también reconocer todo lo que ya está comunicando.

Esto significa observar, esperar y escuchar; valorar las miradas, los gestos, los sonidos, las palabras y otras formas de expresión.

“Cada persona es única, y sus habilidades comunicativas se van construyendo de acuerdo con sus características, sus experiencias y el entorno que la acompaña”, plantea.

El objetivo, finalmente, no es solamente que un niño logre hablar, sino que pueda comunicarse, participar, expresar sus emociones, tomar decisiones y desenvolverse con la mayor autonomía posible.

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