Contusiones, esguinces y fracturas forman parte de las lesiones frecuentes durante la infancia. Pero no todos los golpes deben manejarse de la misma manera. La Dra. Claudia Martino, traumatóloga infantil de RedSalud y Clínica Río Blanco, Los Andes, explica cuáles son las señales de alerta después de una caída, cómo sospechar una fractura y cuándo el dolor asociado al deporte requiere evaluación médica.
Los niños corren, saltan, juegan, practican deportes y exploran constantemente su entorno. Por eso, los golpes y las caídas son parte habitual de la infancia. Sin embargo, distinguir entre una lesión menor y una que requiere evaluación médica no siempre resulta sencillo para madres y padres.
La Dra. Claudia Martino, traumatóloga infantil de RedSalud y Clínica Río Blanco, Los Andes, entrega algunas claves para reconocer las lesiones más frecuentes y saber cuándo es necesario consultar.
Las lesiones cambian según la edad
En los niños más pequeños son frecuentes las contusiones, las lesiones por atrapamiento o aplastamiento —como los apretones de los dedos con puertas o cuando un pie queda atrapado en los rayos de una bicicleta— y algunas fracturas, especialmente de dedos y muñeca.
En niños mayores y adolescentes, en tanto, las lesiones pueden estar más relacionadas con la práctica deportiva. Entre ellas aparecen lesiones por estrés, esguinces y fracturas, especialmente en un contexto donde la práctica deportiva de alto rendimiento comienza cada vez a edades más tempranas.
Después de una caída: ¿qué señales deben alertar?
Uno de los primeros aspectos que deben observar madres y padres después de un golpe es cómo se encuentra el niño y cómo evoluciona durante las horas posteriores.
Si hubo un golpe en la cabeza, la especialista recomienda prestar especial atención a signos como compromiso de conciencia, falta de respuesta, desorientación, somnolencia o vómitos explosivos. Frente a estas manifestaciones, se debe acudir a un servicio de urgencia.
Cuando el golpe afecta una extremidad, algunas señales de alerta son diferentes. La presencia de deformidad, aumento importante de volumen o incapacidad para utilizar la extremidad afectada son motivos para solicitar evaluación médica.
También debe considerarse la intensidad y evolución del dolor.
Un golpe que parece leve también puede necesitar evaluación
No siempre una lesión importante se presenta de manera evidente.
Según la traumatóloga, es recomendable consultar cuando existe deformidad, dolor desproporcionado para el tipo de golpe, incapacidad o limitación para utilizar la extremidad afectada, o cuando ha transcurrido un tiempo y el dolor persiste.
Esto es especialmente relevante en las lesiones óseas infantiles, porque no todas las fracturas tienen una presentación tan evidente como en los adultos.
¿Qué hacer inmediatamente después de un golpe?
Si el niño no presenta las señales de alerta mencionadas, la recomendación inicial es observar su evolución.
En casa se puede aplicar frío local, favorecer el reposo y, si es necesario, administrar algún analgésico. También es aconsejable suspender durante algunos días las actividades más exigentes —como deportes, educación física o juegos en parques— hasta que el dolor o la molestia disminuyan.
La evolución es clave: si el dolor persiste, aumenta o aparecen nuevas manifestaciones, corresponde realizar una evaluación médica.
Fracturas infantiles: pueden ser menos evidentes de lo que parecen
Las fracturas son frecuentes durante la infancia y, de acuerdo con la experta, su aparición puede verse favorecida por actividades como el uso de camas elásticas, juegos inflables y la práctica de deportes de alto rendimiento desde edades tempranas.
Pero existe una particularidad del hueso infantil que puede dificultar su reconocimiento.
En los niños es frecuente encontrar fracturas incompletas, debido a las características propias del hueso infantil. Estas pueden no generar una presentación tan evidente como una fractura completa en un adulto.
Aun así, algunos signos pueden orientar a una posible lesión ósea: deformidad, aumento de volumen, dolor intenso e impotencia funcional, es decir, imposibilidad o gran dificultad para utilizar la extremidad.
Por eso, un niño que sigue presentando dolor o que evita utilizar una extremidad después de un golpe no debería ser evaluado únicamente por la apariencia externa de la lesión.
¿Una fractura significa que volverá a ocurrir?
En un niño sano, haber sufrido una fractura no significa necesariamente que exista un mayor riesgo de volver a fracturarse.
El riesgo también dependerá de la actividad que realice el niño y de las características propias de esa actividad.
Sin embargo, existe una situación que requiere especial atención: cuando un niño presenta múltiples fracturas producidas por traumatismos de baja energía o en lugares poco habituales.
En esos casos, la especialista señala que se debería investigar la posibilidad de una enfermedad propia del hueso o metabólica e incluso considerar otras situaciones, como el maltrato.
Los errores más frecuentes después de una lesión
Para la traumatóloga, uno de los principales errores es asumir que se trata solamente de una contusión y retrasar la consulta, especialmente cuando existen signos que hacen sospechar una lesión mayor.
Otro problema es realizar el tratamiento de manera incompleta o retomar demasiado pronto la actividad física.
Que un niño se sienta mejor no significa necesariamente que la lesión esté completamente recuperada. El retorno a las actividades debe considerar la evolución de la lesión y las indicaciones médicas cuando corresponda.
Deporte infantil: ¿cuándo el dolor deja de ser normal?
La actividad física es fundamental durante la infancia, pero practicar deporte también puede generar molestias y lesiones.
Las lesiones más frecuentes dependen del deporte, aunque en términos generales pueden aparecer fracturas, esguinces y desgarros musculares.
La prevención comienza, según la experta, por adaptar el entrenamiento a la edad del niño, considerando intensidad, frecuencia y duración.
También es importante mantener un peso adecuado para la talla y una alimentación apropiada. La especialista enfatiza que el sobrepeso o la obesidad pueden favorecer la aparición de lesiones, pero esto no significa que los niños con sobrepeso u obesidad no puedan hacer deporte. La actividad debe adecuarse progresivamente a sus características y necesidades.
Hay dolores deportivos que no conviene normalizar
Después de realizar actividad física pueden aparecer algunas molestias que no necesariamente indican una lesión importante. Pero hay determinados patrones de dolor que deberían llamar la atención.
La especialista recomienda consultar cuando aparece:
- Dolor agudo durante el ejercicio que obliga al niño a abandonar el entrenamiento.
- Dolor de alta intensidad desde el comienzo.
- Dolor que aumenta rápidamente durante la actividad.
- Dolor que desaparece con el reposo, pero vuelve al retomar el deporte.
- Dolor que provoca cojera.
- Dolor que persiste durante un período prolongado.
Y hay una situación que los padres no deberían pasar por alto: cuando un niño lleva semanas o meses manifestando dolor asociado a la actividad física.
“Doctora, llevo seis meses con el dolor”, ejemplifica la especialista.
Ese tipo de dolor prolongado no debería asumirse simplemente como parte de la práctica deportiva y requiere evaluación.
Observar, no minimizar y consultar a tiempo
Los golpes forman parte de la infancia, pero aprender a reconocer las señales de alerta puede evitar que una lesión importante pase inadvertida.
La clave no está en llevar a urgencias a un niño por cada caída, sino en observar su estado general, la intensidad y evolución del dolor, su capacidad para utilizar la zona afectada y la aparición de signos como deformidad, aumento importante de volumen o alteraciones de conciencia.
También es importante no normalizar un dolor que persiste o reaparece cada vez que el niño practica deporte.
Frente a una lesión, uno de los errores que conviene evitar es intentar acelerar el regreso a las actividades antes de tiempo. En la infancia, recuperarse bien también es parte de volver a jugar.