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Volver a trabajar después de ser mamá: lo que nadie te dice (y por qué es más difícil de lo que imaginabas)

por Familia en Red
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Volver al trabajo después de tener un hijo no es solo un cambio de rutina. Es un reencuentro con una versión de ti que ya no es la misma.

Pensaste que iba a ser difícil —dejar a tu guagua, organizar horarios, retomar pendientes—, pero no necesariamente imaginaste esto: sentirte dividida, desconectada, más sensible… o incluso cuestionándote todo. Y no, no te está pasando solo a ti.

Un proceso más emocional de lo que parece

El regreso al trabajo tras la maternidad es una de las transiciones más exigentes a nivel psicológico. No se trata solo de retomar funciones, sino de integrar dos mundos que muchas veces se sienten en tensión: el profesional y el personal.

Organismos internacionales han advertido que la conciliación entre trabajo y familia sigue siendo uno de los principales desafíos para mujeres con hijos pequeños. Según la  Organización Internacional del Trabajo, esta tensión impacta directamente en el bienestar emocional, la participación laboral y la calidad de vida de las madres trabajadoras.

Aparecen emociones que pueden convivir al mismo tiempo:

• Culpa por dejar a tu hijo

• Alivio por recuperar un espacio propio

• Ansiedad por el rendimiento laboral

• Sensación de desconexión con tu equipo o rol

Esa mezcla puede ser confusa. Pero es completamente normal. La identidad también cambia. Uno de los puntos menos hablados es el impacto en la identidad.

Antes, tu trabajo era una parte importante de quién eras. Hoy, la maternidad ocupa un lugar central. Y volver implica preguntarte, aunque no siempre de forma consciente:

¿Dónde encajo ahora?

Desde la salud mental materna, organismos como la Organización Mundial de la Salud han señalado que el bienestar emocional en el postparto no solo depende de factores físicos, sino también de los cambios sociales, laborales y de identidad que enfrentan las mujeres en esta etapa.

No es que hayas perdido tu identidad profesional, sino que estás integrando una nueva versión de ti. Y eso toma tiempo. 

La presión por rendir (como si nada hubiera pasado)

Muchas mujeres vuelven al trabajo con una expectativa silenciosa: rendir igual que antes, como si no hubiera habido: una pausa física, emocional y mental. Pero la realidad es distinta:

• Duermes menos

• Tienes nuevas preocupaciones constantes

• Tu energía está distribuida de otra forma

Intentar exigirte lo mismo que antes, sin considerar estos cambios, suele generar frustración y agotamiento. Aquí aparece algo clave: la autoexigencia puede ser más dura que cualquier exigencia externa.

La culpa: la gran compañera invisible

Si hay algo transversal en este proceso, es la culpa: culpa por no estar lo suficiente en la casa; culpa por no estar lo suficientemente concentrada en el trabajo; culpa por querer —a ratos— un espacio propio.

En Chile, esta experiencia se ve intensificada por una distribución desigual de las tareas de cuidado. Estudios de ComunidadMujer muestran que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga de trabajo no remunerado, incluso cuando están insertas en el mundo laboral.

Desde la psicología, esto se entiende como un conflicto de roles: cuando dos áreas fundamentales de la vida compiten por tiempo, energía y presencia emocional.

La clave no está en eliminar la culpa, sino en reconocerla sin que tome el control. Entonces, ¿qué ayuda realmente?

No hay una fórmula perfecta, pero sí hay estrategias que pueden hacer este proceso más llevadero:

1. Bajar la expectativa de “normalidad”. No estás volviendo a la misma vida. Estás construyendo una nueva dinámica.

2. Hablarlo (aunque cueste). Con tu pareja, con tu entorno cercano o incluso en el trabajo.

3. Identificar lo que sí está funcionando. Reconocer pequeños logros diarios cambia la percepción.

4. Dar espacio a tu nueva identidad. No tienes que elegir entre ser profesional o mamá. No es un retroceso, es una transición. 

Volver al trabajo después de la maternidad no es volver atrás. Es avanzar desde otro lugar.

Más exigente, sí. Más desafiante, también. Pero muchas veces, también más consciente.

Si hoy sientes que no estás rindiendo como antes, que todo cuesta más o que emocionalmente estás más vulnerable, no es señal de debilidad. 

Es señal de que estás atravesando un proceso real. Y como todo proceso importante, necesita tiempo, ajuste… y mucha más comprensión de la que solemos darnos.

📚 Fuentes y referencias

• Organización Internacional del Trabajo. Informes sobre conciliación laboral y familiar, participación laboral femenina y condiciones de trabajo.

• Organización Mundial de la Salud. Recomendaciones sobre salud mental materna y bienestar en el periodo postparto.

• ComunidadMujer. Estudios sobre uso del tiempo, carga de trabajo no remunerado y brechas de género en Chile.

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