Cada vez se habla más de la microbiota y su impacto en la salud. Pero su rol va mucho más allá de la digestión: hoy la evidencia apunta a que este “ecosistema invisible” podría ser clave en la fertilidad, el embarazo y los primeros meses de vida de un bebé.
Para entender su alcance, conversamos con la nutricionista integrativa María José Orozco, quien explica por qué cuidar la microbiota puede marcar una diferencia significativa en el proceso de convertirse en padres.
Un sistema que influye en todo el organismo
La microbiota corresponde al conjunto de microorganismos que habitan el cuerpo humano: bacterias, virus, hongos y otros. Lejos de ser un elemento secundario, cumple funciones esenciales.
“Influye en el sistema inmune, en la producción de vitaminas, en el metabolismo, en el estado de ánimo e incluso en la salud hormonal”, explica la especialista.
Este equilibrio se conoce como eubiosis. Cuando se altera —lo que se denomina disbiosis— pueden aparecer múltiples problemas de salud.
Fertilidad: un rol compartido entre hombre y mujer
Uno de los puntos más relevantes es su impacto en la fertilidad, tanto femenina como masculina.
Según Orozco, una microbiota equilibrada permite una correcta absorción de nutrientes, lo que influye directamente en:
- La calidad de los óvulos
- La producción y movilidad de los espermios
- El estado del endometrio (clave para la implantación)
- La regulación hormonal
“Muchas veces se habla de infertilidad de origen desconocido, pero en varios casos podría estar relacionada con una disbiosis intestinal”, señala.
Además, enfatiza un punto clave: la fertilidad no es solo responsabilidad de la mujer.
“Existe una percepción de que el problema es mayoritariamente femenino, pero hoy sabemos que el factor es 50% hombre y 50% mujer”, afirma.
Preparar el cuerpo antes del embarazo
La especialista recomienda comenzar a preparar la microbiota al menos tres meses antes de buscar un embarazo, tanto en hombres como en mujeres.
Las principales medidas incluyen:
- Aumentar el consumo de fibra
- Incorporar alimentos ricos en polifenoles (frutas, verduras, semillas)
- Dormir bien
- Hacer ejercicio
- Evaluar posibles síntomas digestivos
Una recomendación práctica: consumir al menos 30 tipos de plantas distintas por semana, lo que favorece la diversidad bacteriana.
Embarazo: la madre transmite su microbiota
Durante años se creyó que el útero era un ambiente estéril, pero hoy se sabe que no es así. Existe una microbiota que comienza a influir en el bebé incluso antes del nacimiento.
“La microbiota de la madre es, en cierta forma, la base de la microbiota del bebé”, explica Orozco.
Esto significa que si la madre presenta un desequilibrio, existe mayor probabilidad de que el recién nacido también lo tenga, lo que podría impactar su sistema inmune y su salud futura.
Parto y lactancia: momentos clave
El tipo de parto también juega un rol relevante.
- Parto vaginal: permite el traspaso de bacterias beneficiosas, fortaleciendo el sistema inmune del bebé.
- Cesárea: el recién nacido se expone a microorganismos del ambiente hospitalario, lo que puede generar menor diversidad bacteriana.
A esto se suma la lactancia materna, que actúa como un segundo gran momento de transferencia.
“La leche materna contiene componentes que alimentan las bacterias buenas del bebé y ayudan a desarrollar su microbiota”, señala.
Postparto: la salud de la madre también importa
Tras el nacimiento, la microbiota materna suele verse alterada debido a los cambios hormonales y físicos del embarazo.
Este período puede generar una disbiosis temporal, por lo que se recomienda:
- Mantener una alimentación antiinflamatoria
- Priorizar el descanso
- Recuperar hábitos saludables
La recuperación completa puede tardar entre tres meses y un año.
Un enfoque basado en hábitos
Más allá de tratamientos específicos, el mensaje principal es claro: la salud de la microbiota se construye día a día.
“No es algo que se solucione con una pastilla. Tiene que ver con cómo vivimos: lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos”, concluye la especialista.