En el Día Internacional de Concientización sobre el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje
(TDL), especialista aborda la importancia de observar el desarrollo comunicativo durante la
primera infancia y consultar ante dificultades persistentes.
Que un niño demore en hablar, utilice pocas palabras o tenga dificultades para comprender instrucciones puede generar dudas en las familias sobre si se trata de una diferencia propia de su desarrollo o si requiere una evaluación. Aunque durante los primeros años existe una amplia variabilidad en la adquisición del lenguaje, hay ciertos aspectos que permiten orientar cuándo es recomendable consultar a un especialista.
El Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) corresponde a una alteración persistente que afecta
la comprensión y/o expresión oral y puede tener impacto en la comunicación cotidiana, la
interacción social y el rendimiento académico. Su manifestación es heterogénea y puede involucrar
el vocabulario, la construcción y comprensión de oraciones, la capacidad de relatar experiencias, la
memoria verbal o el uso social del lenguaje.
“El lenguaje no se limita a que un niño diga palabras o pronuncie correctamente. También implica
comprender lo que escucha, organizar sus ideas, construir frases, recordar información y saber
cómo comunicarse según la situación. Por eso, es importante observar el desarrollo comunicativo
de manera integral”, explica Claudia Galaz, fonoaudióloga de la Clínica Integral de Epilepsia y
Neurodesarrollo (CIEN).
Si bien el diagnóstico fiable del TDL se establece a partir de los cuatro años, esto no significa que
sea necesario esperar hasta esa edad para solicitar una evaluación. Durante etapas anteriores es
posible identificar dificultades que permitan realizar seguimiento y determinar si el niño necesita
algún tipo de apoyo.
Qué observar durante los primeros años
La comunicación comienza a desarrollarse desde los primeros meses de vida e incluye aspectos
como el balbuceo, la utilización de gestos para pedir o mostrar algo, la respuesta al entorno y,
posteriormente, la incorporación de palabras y frases.
Durante los primeros años puede ser importante observar si el niño utiliza gestos comunicativos,
comprende instrucciones sencillas o comienza progresivamente a ampliar su vocabulario y
combinar palabras. Entre los antecedentes descritos se encuentra que, a los 24 meses, producir
menos de 50 palabras o no combinarlas puede orientar la necesidad de realizar una evaluación
más detallada.
También existen otras señales de alarma que pueden requerir atención, como la ausencia o
escasez de balbuceos, no señalar para pedir o mostrar algo, una baja respuesta cuando se llama
al niño por su nombre o dificultades para comprender instrucciones sencillas. Hacia los 30 meses,
la ausencia de combinaciones de dos palabras, como “mamá agua”, también puede ser un
antecedente a considerar dentro de una evaluación.
“Una dificultad puntual no significa necesariamente que exista un trastorno del lenguaje. Lo
importante es observar señales de alarma en el desarrollo de la comunicación y lenguaje que
interfieran en su desempeño cotidiano, a fin de evaluar e implementar un plan de intervención
oportuno y personalizado, además de un seguimiento que permita monitorizar su progreso y la
efectividad de las estrategias implementadas”, señala Galaz.
La historia familiar también puede aportar antecedentes relevantes, especialmente cuando existen
familiares directos con trastornos del lenguaje o dificultades de aprendizaje. A ello se suman
distintos factores biológicos y ambientales que pueden asociarse a un mayor riesgo, aunque
ninguno permite por sí solo establecer un diagnóstico.
Frente a dificultades en el desarrollo comunicativo, también es importante descartar posibles
problemas auditivos y evaluar otras condiciones del desarrollo que puedan estar influyendo. En
este proceso, el fonoaudiólogo puede analizar la comunicación verbal y no verbal mediante la
observación clínica, antecedentes entregados por la familia y herramientas estandarizadas.
A partir de esa evaluación es posible definir un plan de intervención y acompañamiento acorde con
las necesidades de cada niño, entregando estrategias que permitan favorecer su comunicación y
disminuir posibles repercusiones futuras.
“No se trata de adelantar un diagnóstico ni de comparar permanentemente a un niño con otro.
Consultar permite comprender mejor cómo se está desarrollando su comunicación y lenguaje,
además de determinar si necesita apoyo específico en alguna etapa de ese proceso”, agrega la
fonoaudióloga.
En el entorno cotidiano, acciones como compartir lecturas, conversar durante las rutinas, responder
a los intentos de comunicación y generar espacios de interacción pueden contribuir al desarrollo
lingüístico. Sin embargo, cuando existen dificultades persistentes, estas prácticas deben
complementarse con una evaluación e intervención profesional.
En el Día Internacional de Concientización sobre el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje, el
llamado es a conocer mejor esta condición y comprender que el acompañamiento oportuno puede
contribuir al desarrollo comunicativo y a la participación de niños y niñas en sus distintos entornos.