Geraldine Jara, directora de la carrera de Educación Parvularia UNAB
1. ¿Por qué es importante acercar a los niños a los libros desde pequeños?
Porque leer es una práctica con sentido desde el inicio de la vida. No se trata de esperar a que el niño y la niña “sepa leer”, sino de incorporarles a una cultura donde los libros circulan, se comparten y se disfrutan. Como plantea la escritora y educadora Yolanda Reyes: “Los niños leen el mundo antes de leer la palabra”. Desde guguas, el contacto con libros activa lenguaje, vínculo y curiosidad. Es una experiencia fundacional.
2. Muchas familias creen que, si los niños no saben leer, no tiene sentido mostrarles libros. ¿Qué les dirías?
Que leer no es solo decodificar. Es construir sentido. La investigadora Emilia Ferreiro lo explica con claridad: “Los niños no esperan permiso para empezar a aprender”. Interpretan imágenes, anticipan historias y hacen hipótesis. El libro, acompañado por un adulto, se convierte en una experiencia de pensamiento y lenguaje.
3. ¿Qué tipo de libros son recomendables según la edad? La clave no es simplificar, sino ofrecer diversidad y calidad desde el inicio, permítale que escoja, llévelo a librerías especializadas, espacios culturales gratuitos o guaguatecas que tienen el mundo literario disponible para las familias.
- Sala cuna (0 a 2 años): Libros de tela, libros para para la hora del baño, libros de cartón resistentes, con imágenes claras.
- 2 a 4 años: Libros álbum, textos breves, repetitivos y con ritmo.
- 4 a 6 años: Historias más complejas, con personajes y conflictos cercanos.
4. ¿Cómo influye la lectura en el desarrollo emocional de los niños? Los libros permiten a los niños y a las niñas comprender y elaborar lo que sienten. En palabras de la antropóloga Michèle Petit: “La lectura ayuda a construirnos y a resistir”. A través de las historias, los niños reconocen emociones, procesan experiencias y desarrollan empatía. El libro se transforma en un espacio simbólico de contención. Específicamente, Bruno Bettelheim señala que los cuentos tradicionales ayudan a los niños a procesar conflictos internos y emociones complejas como el miedo. Otros autores planean que también aportan al desarrollo de la empatía, al desarrollo del vínculo temprano y al sentirse “acompañados”, entre otros.
5. ¿Qué rol juegan los adultos en este proceso? El adulto es mediador: da sentido, acompaña y habilita la experiencia. Esto implica que el adulto no solo lee, sino que conversa, escucha, pregunta y valida las interpretaciones del niño. La lectura es un acto compartido. Actualmente, muchos padres se quejan porque no tienen “tema” de conversación con hijos e hijas, yo diría más bien, que no tienen experiencias que evocar, recuerdos de nivel afectivo que los unan profundamente y sean motivo de lenguaje genuino. Recomiendo compartir los libros y la lectura como siembra para una futura preciosa cosecha padre e hijo.
6. ¿Cuánto tiempo al día se recomienda dedicar a la lectura? No se trata de cantidad, sino de constancia y calidad. Aidan Chambers enfatiza: “El tiempo para leer es también tiempo para hablar sobre lo leído”. Entre 10 y 20 minutos diarios, en un ambiente tranquilo y afectivo, pueden generar un impacto profundo si se sostienen en el tiempo. Lo crucial es que sea genuino, si es forzado “por cumplir o ser perfectos” los niños y niñas lo notan, sugiero no caer en esa tentación.
7. ¿Cómo competir con las pantallas en este contexto?
No se trata de competir, sino de ofrecer experiencias con sentido. No olvidar que los niños y niñas nos imitan, nos observan, si disfrutas, disfrutan, si imaginas, imaginan. La escritora y profesora Laura Devetach advierte: “La infancia necesita tiempo y espacio para imaginar”. Los libros invitan a la pausa, a la construcción interna y al vínculo. Cuando están asociados a momentos significativos, no requieren competir con lo inmediato.
8. ¿Qué consejo práctico le darías a las familias para fomentar el hábito lector?
Hacer del libro parte de la vida cotidiana, que sea un panorama ir a la librería, tenerlos disponibles (incluidos libros de tela y plásticos para el baño en los primeros años), crear rituales de lectura, permitir la elección y la repetición, armar una mini biblioteca que vaya surgiendo “mágicamente” no tiene que ser perfectamente planeada, confiar en el proceso, como lo es la lectura, Ana Teberosky plantea: “Aprender a leer es un proceso de construcción”, cada lectura compartida es una oportunidad para construir sentido, vínculo y desarrollo.